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¿Qué es un procurador?

La figura del procurador es probablemente la más desconocida entre los no profesionales del mundo jurídico, cuyas funciones suelen, de forma errónea, asemejarse a las del abogado. No solo es importante diferenciar las funciones que ambos desarrollan en un procedimiento, sino que también es importante detallarlas brevemente para una mejor comprensión de su rol en un juzgado.

Mientras que el abogado ejerce la defensa y la estrategia jurídica del cliente, la figura del procurador, también licenciado y profesional del derecho, ostenta la representación del interesado en los procedimientos judiciales, es decir, se encarga de enviar y recibir las notificaciones por parte del juzgado.

En aquellos procedimientos en los que sea necesario un procurador, el mismo recibe las resoluciones judiciales y se las entrega al abogado, y recibe los documentos del abogado y los entrega al juzgado. Históricamente, la función del procurador se ha utilizado para agilizar las actuaciones judiciales, siendo en todo momento el representante de la parte, pues su firma en un escrito presentado ante el juzgado equivale a la firma de la parte que lo designa.

No obstante, la figura del procurador no es siempre obligatoria y, como todo en derecho, existen ciertas excepciones para la obligatoriedad en la contratación de este profesional en ciertos asuntos que se acaban dirimiendo en el juzgado, siendo, por tanto, una herramienta voluntaria en ciertos casos explícitamente contemplados en la Ley.

En definitiva, mientras que el abogado ostenta la dirección letrada y mantiene el contacto directo con el cliente o interesado, el procurador es el profesional que llevará la representación en los asuntos judiciales y quien se encargará de recibir y notificar las comunicaciones entre el juzgado y la parte que contrate con sus servicios.

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